Ten cuidado de los peligros de la falsificación de gracia

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Vivimos en emocionantes tiempos. Nuestro Señor Jesús esta verdaderamente restaurando el evangelio de la gracia que fue dado primero al Apóstol Pablo. Durante la última década, he tenido el gran privilegio de leer un flujo constante de testimonios enviados a nuestra oficina del ministerio de personas preciosas que han sido liberadas de todo tipo de adicciones, incluyendo el tabaquismo, las drogas, el alcohol, y especialmente la pornografía.

Más allá de ser libre del yugo de la culpa del pecado y la condenación, vidas reales, matrimonios reales y familias reales están siendo transformadas y esta gente está viviendo para la gloria de Jesús a través del poder de su maravillosa gracia. La gracia no es un movimiento, una enseñanza, o un tema de estudió. Es todo acerca de una persona. Su nombre es Jesús. Lo que uno cree acerca de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, y lo que Él ha hecho en la cruz, hace toda la diferencia.

Reinando sobre el pecado a través de la gracia

Para entender la gracia de Dios, es indispensable conocer la diferencia entre el antiguo pacto de la ley y el nuevo pacto de la gracia. Juan 1:17 nos dice, “porque la ley por Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.” La ley fue dada por medio de un siervo; la gracia y la verdad vinieron por medio de su Hijo. La ley habla de lo que el hombre debe ser; la gracia revela quién es Dios. La letra mata, pero el Espíritu da vida (ver 2 Cor. 3:6). Bajo la ley, Dios demanda justicia de hombres pecadores. Pero bajo la gracia, Dios provee la justicia como un regalo. Todos los que creen en Jesús y reconocen a Jesús como su Señor y Salvador están bajo el nuevo pacto de la gracia.

Sin embargo, muchos creyentes hoy en día siguen viviendo en confusión. Ellos mezclan la ley y la gracia agarrándose de algunos aspectos de la ley, y algunos aspectos de la gracia en su caminar Cristiano. Como tales, ellos siguen en la derrota, en lugar de reinar sobre el poder del pecado a través de la abundancia de la gracia y el don de la justicia.

“Romanos 5:17 nos dice claramente que “los que reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia reinarán en la vida”. Cuando reinamos en vida, reinamos sobre el pecado, adicciones, y todas las formas de mal.”

Afortunadamente, nuestro Señor Jesús esta restaurando la pureza del evangelio de la gracia de hoy y muchos están encontrando libertad a largo plazo de las adicciones y otras ataduras. Ellos comparten con gran alegría cómo el Señor los ha librado de una manera sobrenatural de décadas de abuso de sustancias y adicciones sexuales, frecuentes ataques de pánico, e incluso de la depresión clínica de largo plazo. Otros escriben con entusiasmo rebosante de acción de gracias, porque Él ha restaurado sus matrimonios y sus relaciones con sus hijos alejados, y curó sus cuerpos cuando los médicos les había dado ninguna esperanza. Un común denominador tomó estas preciosas personas de la derrota a la victoria: que todos ellos tenían un encuentro con nuestro Señor Jesús y adquirieron una revelación de su gracia maravillosa.

Distorsiones a la restauración de la verdad de dios

Sin embargo, es importante que nos demos cuenta de que, así como en cualquier restauración de la verdad de Dios en la historia de la iglesia, existen distorsiones hoy a la restauración de la verdad de la gracia. Existen muchas controversias, imprecisiones y falsificaciones a la auténtica obra de la gracia que Dios está haciendo en su iglesia y en la vida de las personas. También es lamentable que un pequeño número de personas tergiversen la verdad de la gracia de Dios, usando “gracia” como una excusa para vivir un estilo de vida licencioso que está en clara violación de la Palabra de Dios.

“Es esencial que no saquemos nuestras conclusiones acerca de la gracia de Dios basado en los pocos quienes la abusan, pero estudiar la Palabra de Dios para nosotros mismos para entender lo que el original, inalterado evangelio de la gracia realmente es.”

Nuestra responsabilidad como ministros encomendados con el evangelio no es de alejarse de la verdad de la gracia de Dios, pero a prestar atención al consejo que el Apóstol Pablo dio a Timoteo. Él instruyó a su joven protegido a “ser fuerte en la gracia que es en Cristo Jesús” y a “estudiar para mostrarte aprobado ante Dios, como obrero que no tiene necesidad de ser avergonzado, dividiendo correctamente la palabra de verdad” (2 Tim. 2:1, 2 Tim. 2:15 RV).

Por esta razón, me gustaría abordar en este artículo algunos de los puntos incorrectos y las enseñanzas falsas de la gracia que han crecido frecuentemente y han llevado a algunos por el mal camino. Estas falsificaciones y pseudo enseñanzas de gracia, también han apagado a algunos pastores y ministros al evangelio de la gracia. Esto es más lamentable, y mi oración es que los pastores y los líderes de la iglesia al rededor del mundo van a recibir para sí mismos una revelación exacta y la comprensión de la buena noticia que está cambiando vidas y atrayendo personas preciosas a una relación íntima con nuestro Salvador. Pido que como pastores nombrados por Dios sobre nuestros rebaños, no hagamos juicios basados en información incompleta y rumores, pero examinar cuidadosamente lo que cada predicador de la gracia esta realmente enseñando y que compruebe cuidadosamente con las Escrituras.

Es la gracia una licencia para pecar?

Debido a los abusos e inexacta representación de la enseñanza de la verdadera gracia, he oído a muchos advirtiendo a otros, “Cuidado con esa enseñanza peligrosa de la gracia, les da a la gente una licencia para pecar.”

“Si tu oyes de cualquier enseñanza de “gracia” que te diga que esta bien pecar, vivir sin ninguna consideración por el Señor, y que no hay consecuencias del pecado, mi consejo para ti es que huyas de esa enseñanza.”

Tu acabas de ser expuesto a la falsificación de la gracia. Genuina gracia enseña que los creyentes en Cristo son llamados a vivir santos, inocentes, y por encima de cualquier reproche. Enseña que el pecado siempre produce consecuencias destructivas y que es sólo a través del poder del evangelio de Jesucristo, que uno puede ser libre del dominio del pecado. Estudie Tito 2:11-15:

La gracia de Dios que trae salvación se ha aparecido a toda la humanidad, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, deberíamos de vivir sobriamente, justos, y piadosamente en la edad presente, buscando la bendita esperanza y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a si mismo por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificar por si mismo su propio pueblo especial, celoso por buenas obras. Habla estas cosas, exhorta, y reprende con toda autoridad. No dejes que nadie te desprecie.

La Palabra de Dios nos dice en términos inequívocos que la gracia de Dios nos enseña a negar a la impiedad y a vivir la vida de Dios. Por lo tanto, tengan cuidado con la enseñanza falsa de la gracia que contradicen las Escrituras.

Entonces, ¿cómo podemos saber si alguien esta realmente viviendo bajo la gracia de Dios?

Nos fijamos en sus vidas.

Si alguien está dejando a su esposa por su secretaria y le dice que se encuentra bajo la “gracia” díganle a esta persona que no está bajo la gracia, sino bajo el engaño! Guíense por la autoridad de la Palabra de Dios, no lo que dice este hombre. Romanos 6:14 dice: “porque el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ustedes no están bajo la ley sino bajo la gracia.” Si esta persona en verdad viviera bajo la gracia, no iba a ser dominado por el pecado. Y nadie que vive en el pecado, puede legítimamente usar la gracia, como una excusa para el pecado, porque es antitético a las sagradas Escrituras de Dios.

“La gracia genuina no es una licencia para pecar; es el poder para vivir sobre el dominio del pecado. Auténtica gracia no compromete los estándares santos de Dios ni justifica el pecado; es la respuesta que da a la gente el poder para vivir vidas gloriosas celosas de buenas obras.”

Siempre habrá un pequeño número de personas que están abusando de la gracia, revolviendo controversia con la falsa enseñanza de la gracia, y que viven de manera que no glorificar al Señor. Pero que debería ser nuestra respuesta? Debemos huir de la predicación y la enseñanza de la verdadera gracia de Dios, a causa de las controversias y abusos? Ciertamente que no. Exhorto a ustedes el día de hoy, con la palabras de Tito, “Hablen de estas cosas, exhorten y reprendan con toda autoridad. No permitas que nadie te menosprecie.”

En otras palabras, no pares de predicar la gracia de Dios. De hecho, debemos reenforzar nuestra predicación del verdadero evangelio que nos enseña a todos a “negar la impiedad y la lujuria mundana” y a “vivir sobrios, justos, y piadosos, en la edad presente.” Entre mas se predique la gracia genuina, mas se erradicara las enseñanzas de la gracia falsa.

Las personas pueden utilizar la palabra gracia libremente, llamándose a sí mismos “predicadores de la gracia” con “ministerios de gracia” o “iglesias de gracia.” Pero tenemos que discernir. Sólo porque usan la palabra gracia no significa que ellos estén representando el evangelio de la gracia de una manera correcta. Examinen todo! Asegúrese de que su posición en contra de el pecado es claro, porque el pecado es destructivo y trae consigo toda una serie de consecuencias perjudiciales.

La verdadera gracia no igonora la moral de los diez mandamientos

Ha habido muchas explicaciones inexactas acerca de los Diez Mandamientos en las falsas enseñanzas de la gracia. Sean claros que la verdadera gracia enseña que Los Diez mandamientos son santos, justos y buenos. Las enseñanzas de la verdadera gracia defienden la moral y las virtudes adoptadas por los Diez Los mandamientos. Los Diez Mandamientos son tan perfectos en su estándar y tan inflexibles en sus santos requisitos que Gálatas 3:11 dice que ningún hombre puede ser justificado por la ley a la vista de Dios. Justificación ante Dios sólo puede venir por la fe en Cristo.

Los Diez Mandamientos son gloriosos. El problema nunca ha sido los Diez Mandamientos o La perfecta ley de Dios.

“El problema siempre ha sido la capacidad imperfecta del hombre para mantener la ley perfecta de Dios.”

Basado en los términos de el pacto Mosaico, si tu guardas la ley de Dios, tu seras bendecido. Pero si no, tu seras maldecido y condenado a muerte.

El hecho es que bajo el antiguo pacto, el hombre no puede guardar la ley perfectamente. Por eso es que poco después de que la ley fue dada, Dios hizo una provisión de sacrificios de animales a fin de que la maldición, condenación y sentencia de muerte pudiera ser transferida al buey o cordero sacrificado. Esto es una imagen de Jesús en la cruz! Cuando Juan el Bautista vio al Señor Jesús, en las orillas del Río Jordán, él dijo, “he Aquí! El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Así que incluso en la ley vemos que la única esperanza para el hombre de ser justo ante Dios de una vez por todas es Cristo. La verdadera enseñanza de la gracia estima la excelente moral de la ley, pero también hará que nos quede claro que ningún hombre puede ser justificado por guardar los Diez Mandamientos para que podamos ver nuestra necesidad de Cristo.

La verdadera gracia causa más que solo cumplir con la ley

En los 1500 años que el pueblo de Dios vivió bajo la ley, ni un solo hombre (aparte de nuestro Señor Jesús) podría obedecer los Diez Mandamientos perfectamente y ser justificado. Escucha atentamente lo que te voy a decir. Bajo la gracia, cuando experimentamos el amor de nuestro Señor Jesús, vamos a terminar cumpliendo la ley! En virtud de la verdadera gracia, vamos a terminar siendo santo santos. La gracia produce santidad verdadera! Como el Apóstol Pablo proclamó con firmeza, “El amor no hace mal al prójimo; así que el amor es el cumplimiento de la ley” (Rom. 13:10).

“Cuando el amor de Jesús está en nosotros, no podemos dejar de cumplir la ley. Cuando nuestros corazones están llenos de la gracia de Dios y la bondad amorosa, perdemos el deseo de cometer adulterio, homicidio, falso testimonio, o la avaricia.”

Vamos a tener el poder de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. ¿De dónde viene esta energía? De nuestro ser firmemente arraigado y establecido en la gracia de Dios. Tenemos el poder de amor, porque Él nos amó primero (1 Juan 4:19)!

El hecho es que cuando el pueblo de Dios esta bajo la gracia, no sólo cumplen la letra de la ley, pero también lo superan o van una milla extra. La ley nos manda a no cometer adulterio, y hay gente que puede cumplir sólo la letra de la ley y de no cometer adulterio físicamente. Sin embargo, interiormente, ellos no tienen amor por sus cónyuges. La gracia cambia todo. La gracia no sólo trata con la superficie; se va más profundo y enseña que un hombre debe amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia.

De la misma manera, la ley nos puede ordenar, no codiciar, pero no tiene la capacidad para hacer de nosotros dadores alegres. De nuevo, la gracia de Dios va más allá de lo superficial a transformar internamente nuestros corazones avaros, a corazones que son amorosos, compasivos y generosos. Recuerdan la historia de Zaqueo en Lucas capítulo 19? Ni un solo mandamiento fue dado. Sin embargo, cuando el amor y la gracia de nuestro Señor Jesús tocó su corazón, el que una vez fue avaro y corrupto recaudador de impuestos quería dar la mitad de su riqueza a la pobres y pagar cuatro veces, lo que les había robado. El amor por el dinero murió cuando el amor de Jesús llego.

En contraste, el joven rico en Lucas capítulo 18 vino a nuestro Señor Jesús jactándose de que él había guardado todos los mandamientos. Este joven probablemente esperaba que Jesus lo felicitara por cumplir la ley, y se sentía muy confiado de sí mismo. Pero noten lo que Jesús le dijo. En lugar de felicitarlo, Él dijo, “Una cosa te falta” (ver Lucas 118:22). Ves, cada vez que nosotros nos gloriamos en nuestra capacidad para ser justificados por la ley, nuestro Señor nos señalara un área que nos falta. Él le dijo al joven rico, ve y vende todo lo que tengas, dáselo a los pobres y sígueme. Jesús le estaba dando el primer mandamiento: “no tendrás otros dioses delante de Mí” (ni siquiera el dinero) y miren lo que pasó. El joven gobernante se marcho tristemente. Él ni siquiera era capaz de regalar un dólar! Yo creo que el Espíritu Santo coloca estas dos historias en paralelo en Lucas 18 y 19 para mostrarnos lo que produce la jactancia en la ley y lo que el poder de la gracia incondicional del Señor produce en la vida de las personas.

Crece de gloria en gloria sin el velo

La gracia de Dios no esta en contra de la perfecta y gloriosa ley de los Diez mandamientos. De hecho, el Apóstol Pablo dice, “porque me deleito en la ley de Dios según el hombre interior” (Rom. 7:22). Sin embargo, él va a decir, “Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” (Rom. 7:23). Puedes ver? La ley de Dios es santa, junta y buena, pero no tiene el poder de hacerte santo, justo o bueno. Escucha lo que dice Pablo en Romanos 7:

Pues bien, Estoy sugiriendo que la ley de Dios es pecaminosa? Por supuesto que no! De hecho, fue la ley que me mostró mi pecado. Yo nunca habría sabido que la codicia está mal si la ley no hubiera dicho: “No codiciaras” Pero el pecado utilizo este mandamiento para despertar todo tipo de codiciosos deseos dentro de mí! Si no hubiera ley, el pecado no tuviera ese poder… la propia ley es santa, y sus mandamientos son santos, justos y buenos… El pecado utilizo lo que es bueno para traer mi condenación a muerte… Así que el problema no está en la ley, porque es espiritual y buena. El problema es conmigo, que soy demasiado humano, un esclavo del pecado.

— Romanos 7:7-8, 12-14 NVI

Aprendemos de Pablo que cuando combinamos la perfecta ley de Dios con la carne (el pecado principal), el resultado no es la santidad. Es, como Pablo lo describe, una vida que está dominada por el pecado, la condenación y la muerte. En la carne del hombre no habita nada bueno y mientras estamos en este cuerpo mortal, el principio de pecado en nuestra carne continuará siendo agitado. Pero alabado sea nuestro Señor Jesucristo, esto no tiene que terminar en la miseria y la desesperanza. Porque por lo que Jesús ha hecho en la cruz, el velo de la ley ha sido removido, para que podamos ver a Jesús cara a cara y ser gloriosamente transformados:

Así que si la manera antigua, la cual ha sido remplazada fue gloriosa, cuanto mas gloriosa es la nueva, que permanece para siempre!… Pero la mente de la gente se endurecido, y hasta el día de hoy cada vez que el antiguo pacto está siendo leído, el mismo velo cubre sus mentes para que no puedan entender la verdad. Y este velo sólo puede ser removido por creer en Cristo… Así todos a los que se les ha removido el velo pueden ver y reflejar la gloria del Señor. Y el Señor—que es el Espíritu—nos hace más y más como él conforme vamos siendo transformados a su imagen gloriosa.
— 2 Corintios 3:11, 14, 18 NVI

Es claro que La Palabra de Dios dice que la ley incita nuestra naturaleza pecaminosa, mientras que la gracia produce verdadera santidad. La santidad se trata de convertirse más y más como Jesús, y ocurre cuando el velo de la ley se retira. Cuando el velo es quitado, vemos a nuestro hermoso Salvador cara-a-cara, y su gloriosa gracia nos transforma de gloria en gloria. El glorioso evangelio de la gracia siempre produce vidas gloriosas. Al contemplar a Jesús, creceremos de gloria en gloria y brillaremos como un testamento de la bondad y de la excelencia moral del Señor.

La gracia no significa salvación automática para todos

Cuando nuestro Señor Jesús murió en el calvario, Él tomó todos los pecados de la humanidad con un sacrificio de sí Mismo en la cruz. Él tomó el juicio, el castigo, y la condenación de todos los pecados sobre sí Mismo. Ese es el valor de un Hombre, Jesús. Él es un sobre pago por todos nuestros pecados.

Ahora, ¿esto significa que todo el mundo está automáticamente perdonado y salvo?

Por supuesto que no! Mientras todo el pecado del mundo fue pagado en la cruz del Calvario, cada individuo necesita tomar una decisión personal para recibir el perdón de todos sus pecados al recibir a Jesús como su Señor y Salvador personal. Cualquier enseñanza que se haga llamar “gracia” que enseñe lo contrario es una falsa enseñanza de la gracia. No hay otra manera de ser salvo, sino a través de Jesús y Su sangre derramada. Mira lo que dice la Palabra de Dios:

Si confiesas con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios lo ha levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa a la salvación. Porque la Escritura dice, “el que cree en Él no será avergonzado.” Porque no hay distinción entre el Judío y el griego, porque el mismo Señor de todos es rico para todos los que le llamen. Para “aquel que invocare el nombre del Señor sera salvo”.
— Romanos 10:9-13

No hay la ambivalencia en las Escrituras en cuanto a cómo una persona nace de nuevo en Cristo. Para ser salvos, tenemos que confesar con tu boca que Jesús es el Señor y creer en tu corazón que Dios le levantó de entre los muertos.

“Por lo tanto, si cualquier maestro de la “gracia” le dice que usted no necesita recibir a Jesús como su Señor y Salvador a fin de ser salvo, porque hay “otras formas” él o ella está siendo inexacto en las escrituras.”

Jesús es la única manera. No hay salvación sin Jesús. No hay perdón sin la limpieza de la sangre de Jesús. No hay ninguna garantía de que todos nuestros pecados han sido perdonados sin la resurrección de Jesús. La salvación se encuentra en Jesús y sólo Jesús!

También soy consciente de que hay falsos predicadores de la gracia que enseñan que todo el mundo, incluso Satanás y sus ángeles caídos, algún día serán salvos en los siglos venideros. Debido a esta creencia, ellos también enseñan que el infierno no es un verdadero lugar de castigo eterno. Estas personas toman una extrema posición de el amor de Dios a la exclusión de su justicia y juicio, negándose a creer lo que las Escrituras enseñan claramente acerca de tormento eterno en el infierno para los que no son salvos. Este no es el evangelio de la gracia.

Solo nuestros pecados pasados han sido perdonados?

Volviendo a el perdón de los pecados, el verdadero evangelio nos dice que el momento en el que invitamos a Jesús en nuestros corazones y confesamos a Jesús como nuestro Señor y Salvador, todos nuestros pecados—pasados, presentes y futuros—son perdonados. Para entender el total perdón de los pecados, tenemos que entender el valor de la persona que se sacrificó en la cruz por nosotros. Jesús solamente, porque Él era el Hijo de Dios sin pecado, podría pagar por cada pecado de cada hombre que existiría con tan solo un sacrificio.

Pero hay enseñanzas que sugieren que cuando recibimos a Jesús, sólo nuestros pecados pasados son perdonados— nuestros pecados futuros son perdonados conforme los vamos confesando y pidiendo perdón a Dios. Esto simplemente contradice las Escrituras, como lo vamos a ver.

Efesios 1:7 dice, “En Él tenemos la redención mediante Su sangre, el perdón de los pecados, según las riquezas de Su gracia”. En el original texto griego, el verbo “tener” es en el tiempo presente, lo que indica acción continua, lo que significa que estamos continuamente teniendo el perdón de los pecados, incluyendo cada pecado que cometemos.

Primera de Juan 2:12 dice: “Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os son perdonados por amor de Su nombre.” El griego perfecto tensa se usa aquí para “te son perdonados”, que significa que este perdón es una clara acción terminada en el pasado, con el efecto continuando hasta el presente.2 Esto significa que el perdón de Dios se vale para nosotros en nuestro presente y continúa en nuestro futuro.

Permítanme darles otra clara porción de escritura que afirma que todos nuestros pecados, incluyendo nuestros pecados futuros han sido perdonados:

Estabas muerto a causa de tus pecados debido a que tu naturaleza pecaminosa aún no había sido removida. Entonces Dios te dio vida en Cristo, al perdonar todos tus pecados. Él canceló el registro de los cargos en contra de nosotros y se los llevó lejos clavándolos en la cruz.
— Colosenses 2:13-14 NVI

Jesús perdonó todos nuestros pecados. La palabra “todos” en la escritura anterior es la palabra griega pas, significando “de cada especie o variedad…la totalidad de las personas o cosas a que se refiere.”3 Se refiere a “todo y cualquier”4 Por lo que “todos” significa todos.

“El perdón de Dios por todos nuestros pecados cubre cada pecado-pasado, presente y futuro! Cuando recibimos al Señor Jesús como nuestro Salvador, hemos recibido el total y completo perdón de todos nuestros pecados.”

Nuestro papel como ministros de Dios es impartir a nuestro pueblo la confianza de la garantía de la salvación y el perdón que se encuentran en Cristo. No es para enseñar en un mensaje mixto que deposita inseguridad e incertidumbre en sus corazones, dejándolos preguntándose si de verdad son perdonados, y si el trabajo de su Salvador en la cruz fue completo. La seguridad de la salvación y el perdón total de los pecados forma la base de la buena noticia que nosotros predicamos. Les afirmo que esta revelación de la buena noticia de el perdón de Dios no nos lleva a vivir sin motivo. El Mismo Jesús dijo que aquellos que son perdonados mucho lo amaran mucho. Son aquellos quienes han sido perdonados poco (en realidad, estas criaturas no existen porque todos nosotros hemos sido perdonados mucho)—o yo debería decir, de aquellos que piensan que han sido perdonados poco—son los que lo amaran poco.

Mi oración es que a todos los que nos escuchan predicar el verdadero evangelio de la gracia escucharan que completo es el perdón de Dios hacia aquellos que reciben a Su Hijo, Jesucristo. Seguramente los llevara a enamorarse mas profundamente de Jesús y producirá una vida de alabanza, honor y gloria a El.

¿Y que de la confesión de los pecados?

Cuando predico que todos nuestros pecados han sido perdonados y que estamos perpetuamente bajo la fuente de la sangre siempre purificadora de Jesús, otra pregunta que me hacen a menudo es: ¿Qué pasa con la confesión de los pecados de la que se habla en 1 Juan 1:9? El versículo dice claramente: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”. ¿No tenemos que confesar nuestros pecados para ser perdonados y limpiados de toda maldad?

Mi amigo, estás viendo a alguien que fue hasta el final con la interpretación tradicional y la comprensión de este versículo. Como joven adulto que deseaba fervientemente vivir una vida santa y agradar a Dios, comencé a confesar mis pecados todo el tiempo cuando recibí esa enseñanza. No quería pasar ni un minuto sin estar “bien con Dios”. Así que cuando un solo pensamiento erróneo cruzaba mi mente, confesaba ese pecado inmediatamente. Me tapaba la boca y susurraba mi confesión, ¡aunque estuviera en medio de un partido de fútbol con mis amigos!

Ni que decir, parecía raro para mis amigos. También estaba perplejo de por qué mis amigos cristianos no confesaban sus pecados como yo. ¿Por qué no se tomaban en serio su deseo de estar 100% bien con Dios?

La confesión constante e incesante de mis pecados me hizo extremadamente consciente de ellos. Me volví tan consciente y preocupado por cada pensamiento negativo que creí que ya no había perdón para mis pecados. Incluso empecé a creer que había perdido mi salvación y que iba a ir al infierno. El enemigo se aprovechó de mi obsesión con la necesidad de confesar cada pecado y me puso bajo constante condenación. La opresión creció tanto que sentí como si mi mente estuviera a punto de quebrarse.

He compartido más extensamente acerca de mi lucha pasada con 1 Juan 1:9 y lo que el versículo se trata en realidad en mi libro Favor Inmerecido. Así que permíteme darles una rápida comprensión del tema aquí:

  • El primer capítulo de 1 Juan no se escribió a los creyentes, sino a los gnósticos que no creían que Jesús hubiera venido en la carne, de ahí el comienzo tan poco característico de la primera epístola de Juan.7 No hay saludo a los creyentes, a diferencia de lo que encontramos en sus epístolas segunda y tercera. En cambio, el apóstol Juan abre su primera epístola dirigiéndose directamente a la grave herejía de los gnósticos: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han palpado nuestras manos” (1 Juan 1:1). Juan les estaba diciendo que Jesús había venido realmente en la carne, como él y sus condiscípulos habían oído, visto y tocado a Jesús.
  • Sólo en el capítulo 2 de la primera epístola de Juan se ve por primera vez la frase “Hijitos míos”, lo que da a entender que, a partir de ese capítulo, el apóstol Juan se dirigía a los creyentes.
  • Los gnósticos también creían que no tenían pecado. Así que el apóstol Juan les decía que si reconocían y confesaban sus pecados, Dios los perdonaría y los limpiaría de toda maldad (1 Juan 1:8-9).
  • Los primeros cristianos no tuvieron el libro de 1 Juan hasta dentro de unos cincuenta años, por lo que su “reconciliación con Dios” no pudo haber sido a través de la confesión de los pecados.
  • El apóstol Pablo, que escribió dos tercios de las epístolas a las iglesias, ni una sola vez enseñó sobre la confesión de los pecados. De hecho, en su carta a los cristianos de Corinto, muchos de los cuales cometían pecados como visitar a las prostitutas del templo, no les dijo que fueran a confesar sus pecados para quedar bien con Dios. Más bien les recordó quiénes eran en Cristo: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Cor. 3:16).
  • Nuestro estar “bien con Dios” no se basa en la confesión imperfecta de los pecados por un hombre imperfecto, sino en las riquezas de la gracia de Dios y el sacrificio perfecto de Su Hijo.
  • Aquellos que creen que 1 Juan 1:9 le está diciendo a los creyentes que confiesen sus pecados cada vez que pecan, necesitan darse cuenta que cada pecado necesita ser reconocido y confesado (de otra manera, basado en ese versículo, uno sigue siendo injusto). Uno no puede escoger y elegir qué confesar o confesar sólo los pecados que recuerda. Y no es humanamente posible confesar cada pecado de pensamiento, palabra y obra.
  • La palabra confesar en 1 Juan 1:9 es la palabra griega homologeo, que significa “decir lo mismo que” o “estar de acuerdo con”. 8 Confesar nuestros pecados, por lo tanto, es decir lo mismo que Dios acerca de nuestros pecados: que es pecado, y que nuestros pecados han sido perdonados y lavados por la sangre de nuestro Señor Jesucristo (Apoc. 1:5). Cuando has pecado y te das cuenta de que has pecado, la verdadera confesión es estar de acuerdo con la Palabra de Dios y expresarle tu agradecimiento por la realidad de tu perdón en Cristo.

Para el teólogo, quiero compartir contigo una poderosa revelación a la que el Señor ha abierto mis ojos. En mi estudio, Él me pidió que examinara la palabra pecados en 1 Juan 1:9 y que viera si es un sustantivo o un verbo en el texto griego original. ¿Está listo para esto?

En los dos casos en que vemos la palabra “pecados” en 1 Juan 1:9, se utiliza el sustantivo griego hamartia. Según el conocido biblista William Vine, hamartia (“un error en el blanco”) indica “un principio o fuente de acción, o un elemento interno que produce actos… un principio o poder gobernante. En otras palabras, se refiere al principio del pecado, o a nuestro estado pecaminoso a causa del pecado de Adán. Al usar la forma sustantiva de esta palabra, Juan claramente no se estaba refiriendo a nuestra comisión de actos individuales de pecado, o habría usado la forma verbal, hamartano.

A la luz de esto, ¿puedes ver cómo 1 Juan 1:9 no está hablando de confesar nuestros pecados cada vez que pecamos de pensamiento o de obra? Juan estaba hablando de la necesidad de reconocer y confesar a Dios que somos pecadores a causa del pecado de Adán, así como de recibir el perdón total de todos nuestros pecados a través de la obra consumada de Jesús. ¿Con qué frecuencia debemos hacer esto? Sólo una vez.

Es por eso que 1 Juan 1:9 es principalmente un versículo de salvación, uno que anima al pecador a reconocer y confesar su estado pecaminoso o “pecaminosidad”, nacer de nuevo por fe en nuestro Señor Jesucristo, y tener su estado pecaminoso a través de Adán reemplazado con un nuevo estado justo a través de Cristo. La doctrina herética gnóstica no suscribía la creencia en el estado pecaminoso del hombre. Juan se dirigió directamente a esta herejía en el primer capítulo de 1 Juan y animó a los gnósticos a confesar su estado pecaminoso y recibir el perdón completo del Señor y la limpieza total de toda su injusticia a través de Su obra terminada en la cruz.

Ahora bien, ¿qué dice el apóstol Juan sobre el hecho de que cometamos pecados después de convertirnos en creyentes? Sólo dos versículos más adelante, en el segundo capítulo de 1 Juan, Juan responde a esta pregunta al comenzar su discurso a los creyentes: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis. Y si alguno peca, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1).

Esta vez, las palabras pecado y pecados son el verbo griego hamartano. Juan se refiere ahora a la comisión de pecados por parte de los creyentes: sus pensamientos y actos pecaminosos. ¿Qué dice Juan al respecto? Nos recuerda que cuando fallamos como creyentes, tenemos un Abogado con el Padre: Jesucristo.

Gracias a nuestro Señor Jesús y a lo que ha logrado en la cruz, tenemos perdón y seguimos siendo justos ante Dios aunque hayamos fallado. Así como el apóstol Pablo les recordaba a los creyentes de Corinto que habían fallado que seguían siendo templo del Espíritu Santo, Juan nos recuerda quiénes somos en Cristo y a quién tenemos representándonos a la diestra de Dios.

¿Puedes ver que la respuesta de la Biblia para superar el pecado es siempre recordar a los creyentes su identidad justa en Cristo? Esto no es para animarnos a pecar, sino para animarnos a mirar a nuestro Señor Jesús, a ver nuestros pecados castigados en la cruz, y a vivir victoriosa y gloriosamente para Él. De eso se trata el verdadero arrepentimiento: ¡volvernos a la cruz y regresar a Su gracia! Cuando falles hoy, debes saber que puedes hablar con Dios honestamente acerca de tu fracaso, pero hazlo con una revelación de la cruz de nuestro Señor Jesús. Mira tus pecados castigados en Su cuerpo y recibe de nuevo Su perdón y favor inmerecido para reinar sobre tus pecados.

¿Confesamos nuestros pecados bajo la gracia?

Una vez, mientras predicaba en Italia, un destacado psiquiatra que me habían presentado me contó algo desgarrador. Me dijo que había aconsejado a muchos cristianos sinceros que viven vidas derrotadas, algunos incluso en manicomios, porque creen que estar bien con Dios depende de su capacidad de confesar cada pecado.

Amigo mío, ¿puedes ver lo peligrosa que es esta enseñanza? Sin la seguridad del perdón completo, estos creyentes son conscientes del pecado, cargados de culpa y vergüenza, condenados por el enemigo, sin gozo y totalmente inseguros acerca de su salvación.

Sin embargo, la verdad es que cada creyente tiene el perdón total en Cristo, cuya sangre eterna sigue limpiandolos de todo pecado. En el momento en que conocen esta verdad, el cielo entra en sus almas, como le ocurrió a Frances Havergal, una famosa escritora de himnos del siglo XIX. Y el efecto que esto produce en sus vidas no es un deseo de salir y pecar, sino un deseo de vivir una vida que glorifique a su Salvador. El que sabe que se le ha perdonado mucho -de hecho, se le ha perdonado todo- amará mucho (Lucas 7:47).

“Confesamos nuestros pecados sabiendo que ya estamos perdonados, no para ser perdonados.”

Entonces, ¿Joseph Prince está en contra de que un cristiano confiese sus pecados? Permítame decirlo claramente: Yo sí creo en la confesión de los pecados y todavía confieso mis pecados. Pero ahora hay una gran diferencia: confieso mis pecados sabiendo que todos mis pecados ya han sido perdonados. No confieso mis pecados para ser perdonado. Debido a que tengo una relación cercana con mi Padre celestial, puedo ser honesto con Él cuando he hecho algo malo. Puedo hablar con Él al respecto, recibir Su gracia por mi debilidad y seguir adelante sabiendo muy bien que Él ya me ha perdonado a través del sacrificio de Su Hijo. Y ya no me preocupa el hecho de que no pueda confesar cada pecado, porque sé que no son mis confesiones las que me salvan, sino la sangre de Jesús.

Amados, nuestro perdón fue comprado perfectamente con la preciosa sangre de nuestro Señor. No depende de cuán perfectamente seamos capaces de confesar cada uno de nuestros pecados. ¿Cómo puede depender nuestro perdón de la consistencia, frecuencia y calidad de nuestras confesiones? Eso está destinado al fracaso. Nuestro perdón depende de nuestra fe en la calidad de la sangre sin pecado de nuestro Señor que fue derramada en la cruz. Hay un mundo de diferencia entre estas dos bases para nuestro perdón, ¡y resulta en un mundo de diferencia para tu paz mental!

Querido lector, la gracia no le quita importancia al pecado; ¡es el poder para liberarte del pecado! Y esta es la verdad presente de la gracia en la que Dios quiere que nos establezcamos (2 Ped. 1:12): que en cuanto a la confesión de los pecados, confesamos nuestros pecados porque ya estamos perdonados, no para obtener el perdón de Dios. Cuanto más consciente seas de lo perdonado que ya estás en Cristo, más vivirás verdaderamente por encima de toda derrota.

La verdadera gracia enseña la santificación progresiva

Ahora, entiendo hay ministros que están genuinamente preocupados de que cuando la verdad de el evangelio se dice así, las personas se aprovecharan de su perdón total en Cristo y llevar vidas ateas. Están preocupados que tales enseñanzas no ponen énfasis en la santificación o el deseo de vivir santo y vivir glorificando a Dios. Este es un concepto erróneo, porque la verdadera gracia enseña la santificación progresiva.

Permítanme decir claramente que mientras los creyentes han sido justificados y hechos justos por la sangre de Jesús, también es cierto que la santificación es continua en su crecimiento como Cristiano. Esta es la razón por la que el autor de el libro de Hebreos dice que somos “santificados” aunque hemos sido “perfeccionados para siempre” por medio de Cristo en un acto de obediencia en la cruz (ver Heb. 10:14).

“Como creyentes, nosotros no podemos ser más justos, pero podemos llegar a ser más santificados o santos en términos de cómo vivimos nuestras vidas.”

La justificación por la fe sucedió instantáneamente. El momento en que recibimos a Jesús, hemos sido perdonados, limpiados, perfeccionados en la justicia, y salvados. Estamos también santificados en Cristo (ver Heb. 10:10). Sin embargo, es importante entender que la revelación y manifestación de nuestra santificación en Cristo es progresiva. Esto significa que entre más crezca nuestra relación con el Señor Jesús, más santos, nos convertiremos en cada área de nuestras vidas.

La Palabra de Dios proclama que “Toda la Escritura es dada por inspiración de Dios, y es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para la instrucción en justicia” (2 Tim. 3:16). Así que tengan cuidado de cualquier enseñanza falsa de la gracia que enseñe que el comportamiento, la disciplina, la corrección, y el vivir correctamente no son importantes. La revelación de el perdón no desmerece, ni es a costa de, vivir correctamente. En su lugar, es el combustible que hace que suceda el vivir correctamente. 

Merriam-Webster En línea describe la santificación como “el estado de crecimiento en la gracia divina como resultado del compromiso de los cristianos después de la conversión.”5 Se puede ver, que es todo acerca de crecer en gracia. Debemos animar a nuestra gente hoy en día para que se establezcan en el evangelio de la gracia. Pablo le dijo a Timoteo “esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús” (2 Tim. 2:1). Pedro exhortó a los creyentes a construir una fundación fuerte con estas palabras de despedida en su última epístola: “Crecer en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Ped. 3:18).

“La verdadera gracia siempre produce verdadera santidad.”

El que más crece en gracia—más es lavado de nuevo y de nuevo por el agua de la palabra de la gracia de Dios—y más crece en la santificación y la santidad. Cuando nuestra gente experimenta la verdadera gracia de nuestro Señor Jesús, el encanto y placeres temporales del pecado se desvenasen en la luz de su gloria y gracia. Y comienzan a vivir vidas victoriosas sobre el poder del pecado.

No nos avergoncemos del evangelio

Mi oración es que este artículo ayude a los pastores, ministros y líderes en la iglesia a iniciar un camino de discernimiento de las diferencias entre lo que es auténtica gracia y lo que es falsa gracia. Muchos de los pensamientos compartidos aquí son tomados y explicados más extensamente en mi libro, Revolución de la Gracia—Experimenta el Poder de Vivir por Encima de la Derrota.6 suplico a usted como a un hermano en Cristo que no se aleje de el evangelio de la gracia, por rumores, falsas enseñanzas, controversias y una pequeña minoría que ha abusado y mal representado el evangelio por la forma que ellos viven.

El evangelio de la gracia es la respuesta. La gracia levanta a las personas que está luchando con el pecado de una vida de derrota. La gracia produce no una forma externa de la santidad que es transitoria, pero una santidad perdurable, que nace de una transformación que comienza en el corazón de una persona cuando él encuentra a Jesús.

Esto es lo que sucedió a Neil desde el Reino Unido, quien escribió a mi ministerio acerca de cómo el Señor lo puso en libertad después de cuarenta años de lucha con una adicción sexual:

Mientras leía un libro del Pastor Prince, fui liberado de una adicción a la pornografía de cuarenta años. En el pasado, yo había tratado de romper esa adicción por mi propio poder, y en mi propia fuerza, pero falle todo el tiempo.

A lo largo de ese tiempo, el diablo uso esta adicción para añadir miedo, culpa y condenación en mí. Este miedo y la vergüenza me impedían pedir ayuda de los pastores de las diversas iglesias a las que asistí durante el período de cuarenta años. Incluso había ocupado puestos de liderazgo en algunos de estos lugares.

Conforme fui leyendo el libro, recibí una revelación fresca de lo que soy en Cristo—yo soy la justicia de Dios en Cristo Jesús— Y cómo no hay condenación para los que están en Cristo Jesús. Fue a través de esta fresca revelación que el agarre de esta adicción fue roto de mi vida para siempre.

Ahora puedo usar un anillo para recordarme a mí mismo que soy justo. Cada vez que el diablo trata de tentarme a ver pornografía, sólo tengo que mirar el anillo para recordarme a mí mismo que soy la justicia de Dios en Cristo, y la tentación pierde cualquier asimiento en mí.

Este es el poder de el evangelio. Preciosas vidas como la de Neil están siendo tocadas, cambiadas y transformadas por el amor de nuestro Señor Jesús. Por nuestra parte como ministros encomendados con el evangelio es de no alejarnos de la verdad, pero estudiar la palabra de Dios diligentemente, dividiendo correctamente su palabra, y proclamar su verdad con absoluta claridad y amor. No debemos estar avergonzados del evangelio. Es, sin duda, como el Apóstol Pablo dijo, “el poder de Dios para salvación para todo el que cree…Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe; como está escrito, ” El justo vivirá por la fe'” (Rom. 1:16-17). El evangelio no es acerca de nuestra auto-justicia, pero la justicia de Dios dada como un regalo para aquellos que ponen su fe en nuestro Señor Jesús.

Tal vez no somos ganadores de almas al grado en que deberíamos ser debido a que hemos presentado un evangelio de Cristo mas nuestra obras, aunque sea involuntariamente, en muchos de los casos. Las buenas obras son la evidencia de la salvación, pero no son definitivamente la condición para la salvación. Es cuando sabemos que somos salvos por gracia mediante la fe que resulta en la excelencia moral. No lo contrario. Sé que la única razón por la que los testimonios de vidas preciosas, que son liberadas del pecado, adicciones, y todo tipo de ataduras inundan las oficinas de nuestro ministerio cada semana es porque el evangelio de Jesucristo es predicado. Esperamos que todos podamos ser portadores precisos del evangelio verdadero de la gracia que cambia vidas!

Este artículo fue escrito originalmente en inglés por el pastor Joseph Prince.

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