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hace unos 2,000 años

LA PASIÓN DE CRISTO

Desde Su última cena en el aposento alto hasta los azotes que soportó en el poste de flagelación, adéntrate en la Pasión de Cristo y en Su camino hacia la cruz.

En cada paso de este recorrido, volverás a descubrir la profundidad del amor de tu Salvador por ti y por qué Él dio Su vida por la tuya.

Este mapa de Jerusalén muestra los lugares donde se cree que ocurrieron varios eventos clave de la Pasión de Cristo. Toca cada ubicación para conocer más.

MAPA INTERACTIVO

LA ÚLTIMA CENA

Todo comenzó aquí, en el aposento alto, la misma noche en que Jesús sería traicionado.

Jesús reunió allí a Sus discípulos para Su última cena. Y sabiendo lo que estaba a punto de sufrir en el poste de flagelación y lo que lograría a través de Su padecimiento, comenzó a partir el pan, instituyendo la Santa Cena (Mateo 26:26–28).

Lo que parecía algo común en Sus manos —un pedazo de pan y una copa de vino— representaba los terribles golpes y el quebrantamiento que pronto soportaría.

Todo para que hoy tú y yo podamos recibir la sanidad que necesitamos en nuestro cuerpo y caminar con valentía en el perdón de nuestros pecados.

Más: Conoce el significado de la Santa Cena en este artículo.

EL HUERTO DE GETSEMANÍ

En el silencioso huerto de Getsemaní, el corazón de Jesús estaba cargado por el peso de lo que estaba por venir.

Él podría haber dicho que no al costo tan doloroso que se le pedía; podría haber dejado pasar la copa del sufrimiento… Pero nuestro hermoso Salvador eligió el sacrificio y entregó Su vida por nosotros.

La idea de cargar con nuestro pecado y la insoportable separación de Su Padre lo angustió de tal manera que Su sudor se volvió como gotas de sangre. En Su momento más profundo de aflicción, oró:
“Padre, si es posible, pase de Mí esta copa” (Mateo 26:39)…

Y aun así dijo: “No se haga Mi voluntad, sino la Tuya”.

Él tomó tu copa de castigo, para que tú no tengas que hacerlo.

TOMANDO EL LUGAR DE BARRABÁS

Desde el huerto de Getsemaní y el juicio ilegal en casa de Caifás, Jesús fue llevado al Pretorio. Allí, Pilato mantuvo una costumbre durante la Pascua: liberar a un prisionero elegido por la multitud.

Incitada por los principales sacerdotes, la multitud exigió con furia la liberación de un hombre llamado Barrabás, un criminal conocido.

En lugar de Jesús, inocente y sin pecado, la multitud eligió liberar a un culpable y condenar a Jesús, gritando: “¡Sea crucificado!” (Mateo 27:22). Este hermoso intercambio es una imagen de lo que ocurrió contigo y conmigo: nosotros, los culpables por causa del pecado, debíamos haber recibido el juicio de Dios.

Pero porque Jesús, el Cordero de Dios, tomó nuestro lugar y nuestra condenación, hoy podemos caminar en libertad, ya no como pecadores sino como la justicia de Dios en Cristo.

EL POSTE DE FLAGELACIÓN

En el Antiguo Testamento, los animales eran sacrificados por el pecado, pero nunca eran torturados; siempre se les daba muerte rápidamente.

Sin embargo, Jesús, nuestro verdadero sacrificio, soportó el tormento de la flagelación antes de ir a la cruz.

Aquí, los crueles soldados romanos azotaron Su espalda. Usando un látigo con fragmentos de metal y huesos triturados, golpearon Su cuerpo. Golpe tras golpe ardiente, nuestro amoroso Salvador lo soportó todo. ¿Por qué?

Porque: “Mas Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados.” (Isaías 53:5, LBLA).

Cada azote en Su espalda fue el pago por nuestra sanidad. Cada herida fue el medio de nuestra redención de la enfermedad y el dolor.

Por Sus llagas, tu diabetes fue vencida. Por Sus llagas, tu cáncer fue derrotado. Por Sus llagas, tu presión alta fue superada.

LA CORONA DE ESPINAS

Imagina al Rey de reyes, sangrando por Sus heridas recientes y permitiendo ser burlado.

En lugar de vestiduras reales dignas de Su majestad, Jesús fue aún más humillado por los soldados romanos. Le pusieron un manto escarlata, trenzaron una corona de espinas y la presionaron sobre Su cabeza.

Esta corona de espinas fue un dolor que Jesús soportó voluntariamente. Él la llevó para que hoy tú puedas tener una mente sana, libre del miedo, la culpa, la depresión, la ansiedad y el estrés.

Pusieron una caña en Su mano derecha, se inclinaron delante de Él y se burlaron. Escupieron sobre Él y tomaron la caña para golpearlo una y otra vez en la cabeza, hundiendo las espinas cada vez más en Su carne (Marcos 15:17–20).

Un amor que nunca llegaremos a comprender del todo… el amor inmerecido de nuestro Salvador por nosotros.

LA CRUZ

Cuando los soldados romanos se cansaron de burlarse de Jesús, lo obligaron a cargar Su cruz sobre Su espalda destrozada.

Y lo llevaron fuera de la ciudad para crucificarlo (Mateo 27:31).

Allí, en el monte Calvario, estaba erguida una cruz áspera. Después de despojar a Jesús de Sus ropas, lo colgaron en ella, desnudo y abandonado a morir.

Durante seis largas horas, el Hijo de Dios estuvo suspendido entre el cielo y la tierra. Y por primera vez, Jesús se dirigió a Su Padre llamándolo “Dios”.

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).

Los ojos de Dios eran demasiado puros para mirar el pecado, así que tuvo que apartarse de Su Hijo amado mientras Él cargaba la inmundicia del pecado del mundo.

Descubre lo que realmente ocurrió en la cruz y el juicio que Jesús soportó cuando colgaba de ella en este video animado:

En la cruz, Jesús fue abandonado por el Padre para que tú pudieras ser abrazado por Su amor.

¡Qué amor es este, que nuestro Salvador soportara esa separación! Él eligió la cruz para que hoy podamos estar cerca de nuestro Padre celestial y disfrutar de comunión con Él.

LA RESURRECCIÓN

Muy temprano, al tercer día, las mujeres que fueron al sepulcro de Jesús llevaron especias para Su cuerpo.

Pero en lugar de muerte, encontraron vida. La piedra había sido removida y los ángeles declararon: “No está aquí, pues ha resucitado” (Mateo 28:6).

Hoy recordamos la gloriosa victoria que nuestro Señor ganó por nosotros. Después de ser torturado, cargar con nuestro pecado y morir, Jesús completó una obra perfecta y total de redención.

Finalmente, resucitó de la tumba, prueba de que hemos sido redimidos y justificados para siempre (Romanos 4:25).

¡Qué Salvador! ¡Qué victoria en la que vivimos por toda la eternidad!

¿Fuiste bendecido por este recorrido?

Oramos para que hayas sido bendecido al adentrarte con nosotros en la Pasión de Cristo y al contemplar nuevamente el asombroso amor de tu Salvador a través de Su sacrificio.

Si conoces a un amigo o ser querido que sería bendecido al encontrarse con Su amor, comparte esta página con él ahora.

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